- "Esa planta tenemos que llevarnosla de una vez...."- digo mientras señalo a la pobre que lleva ya más de dos meses secándose y perdiendo hojas. Ya no sé que hacerle, si echarle agua, si no echarsela, además ya se encuentra en el sitio de la casa en el que entra más luz.... pero la pobre sigue deprimida.

Observo el resto del apartamento, la nevera que tuvimos que volver a arreglar porque congelaba, el televisor con la antena encima de su caja de carton, la pequeña mesita con la silla y el sillón que me han servido durante estos meses, las dos estanterías-mesitas de plástico, el radio-cd con el que me quedo dormido muchas noches mientras los periodistas del oficialismo intentan secarme el cerebro con proclamas bolivarianas (es lo más parecido al "Hablar por Hablar" que he encontrado en las ondas caraqueñas)....., la cama, la pequeña lamparita de noche....

- "Bueno, la verdad es que va siendo hora de ir recogiendolo todo, asi podemos entregar el apartamento en tres semanas"- y a continuación pienso que parte de la familia ya anda por Margarita, que los primeros amigos llegan en cuatro días, que en tres días se produce el civil y me doy cuenta que esto se acabo.

Ahora que me saludaba la galleguita del quiosco, que tenía mi tertulia matutina con la colombiana en el desayuno, que me conocen las chicas del ciber.... ahora que me muevo con soltura por la ciudad, que me quejo de los buhoneros, que me he acostumbrado a esperar, a no enfadarme y a ponerme grosero con según que dependiente. Es en este momento en el que disfruto la tranquilidad de los fines de semana, en el que como buen capitalino espero poder escaparme a Margarita, Choroní, el Parque del Este o el Avila.

En estas mañanas en las que levanto la vista al Avila para ver si está despejado, en las que digo un "grasssias", llamo por el celular, agarro la plata y me monto en el carro para ir a la bomba por gasolina. En el que los días son chevere, esto es una vaina, necesito burda de real y siempre hay que joeee de problemas. Por no hablar del placer de ir a por arepas a las tres de la mañana acompañado de jugo de parchita, o durazno, guayaba o naranja. Tomo polarcita, la prefiero a la solerita azul y por las mañanas no perdono un marron grande.

Y por supuesto, cuando se acaban los temas de conversación siempre queda Chávez. Lo escucho, intento entenderlo, comprenderlo como persona más que como dirigente y cuando veo ese cartel de Chávez reflexivo me pregunto .... ¿qué diablos estará pensando ahora?, por favor, que deje de pensar ya. Y me pregunto para cuando se cargará a Bernal, me alegro de lo de Sabana Grande, digo que lo de RCTV es un error, que para cuando nos solucionan lo de la inseguridad, que lo de las nacionalizaciones se hace pero no se dice y, y, y, y, .......... y asi una noche, una tarde, una merienda, y de pronto suelto un "...pero coño, eso lo pagamos nosotros, la clase media".

No sé si fue la ciudad la que me fagocitó o fui yo el que se tiro en caida libre hacia ella. Supongo que los dos pusimos de nuestra parte. Ya va siendo hora de empezar a recoger los bártulos, de abandonar mi último apartamento de soltero, de ir preparando la llegada de los invitados y a su vez ir organizando nuestra partida. Caracas, que dificil y facil lo pones a la vez. Eres como esos amigos a los que no siempre entiendes, con los que discutes pero a los que respetas y con los que siempre acabas tomandote una cerveza para celebrar esas diferencias. Salud, Caracas.