Desde la grada se ven los equipos, rojos y azul, cada uno con su hinchada perfectamente entrenada, sus esloganes, sus apoyos y detractores internacionales que llevan sus opiniones más alla de las fronteras, sus periódicos y canales de televisión.
El campo de juego es una nación tan grande como importante, los primeros espadas surcan el país, reclaman el aliento de sus fans en baños de masas, prometen el oro y el moro. Los lugartenientes ponen zancadillas y patalean despejando el camino del líder, insultan y amenazan, acusan de fraude unos, de golpistas otros y como siempre nadie se fia de los arbitros.
La tensión es digna de un partido de máximo riesgo en el que todo vale, en el que la verdad a nadie le importa y en el que los medios estatales (ojo, tanto los del gobierno nacional como los del estado de Zulia) están a disposición de los dos gallitos que se disputan un país partido en dos.
"Hay partido", de eso no hay duda y es tremendamente bueno y positivo. Hay vigilancia por parte de varios organismos, hay libertad de prensa y opinión, hay ganas de verse de una vez en el espejo de la denominada "realidad nacional".
Pero también hay una calma tensa. La gente compra como si se fuese a acabar el mundo, los niños ya han suspendido las clases, los perros no pueden quedarse en las clínicas y tienen que volver a casa, muchos centros de trabajo permanecerán cerrados el lunes y las concentraciones están prohibidas para el domingo.
Sin embargo, no hay rumores en la calle, los carteles de San Nicolas ganan en el centro, la gente tiene ganas de celebrar las navidades tranquilas y tanto las franelas rojas como azules desaparecen según acaba la manifestación de turno. La batalla alarmista parece haberse replegado a los aparatos de televisión y radio.
Venezuela se juega mucho estas elecciones, por muy populistas que sean ambos candidatos lo que hay en juego es una verdadera batalla ideológica como pocas veces he visto. Estan en juego dos modelos de país y sociedad absolutamente diferentes tanto para Venezuela como para el resto de América Latina.

Más que partido yo diría que hay pelea, más bien como una lucha libre, donde antes estamos todos nerviosos y después probablemente todos exhaustos.
Sin embargo, como en este país la vida es una novela, seguramente gana: tatatatataaannnnn Santa Claus
Comprobado, en las avenidas del centro Santa Claus va como favorito y verdadero candidato de consenso. Esperemos que nos dejen disfrutar de su victoria.